"Palabras de J.F. Kennedy, en 2008, promoviendo la Revolución Energética"
¿Por qué debemos buscar en el pasado el liderazgo que necesitamos hoy?
jueves 15 de octubre de 2009
martes 8 de septiembre de 2009
A Alejandra...
Suena el teléfono. No es el mensaje que esperas.Revisas el fb, el correo electrónico. Nada.
Tocan a la puerta. Tampoco.
El latido de un corazón depende de aquella persona que ni siquiera se detiene a pensar, y considerar, que es la razón de vida para un amor, al cual cualquiera aspiraría.
Miras la hora. Miras el calendario. Miras a la ventana. El sol sale y se oculta. La luna mengua y crece. A medida que terminan las vacaciones, compañeros y compañeras se hacen presente para conversar sobre lo hecho en esos días o las inscripciones que se acercan. Y nada. No aparece, no se manifiesta. Parece que un suspiro le hizo desaparecer. ... Leer más
Así como el aroma del aire cuando llueve hace notar su presencia que todo lo invade,también la ausencia de las gotas de lluvia te hace dudar que afuera el cielo cae. Sin embargo es un hecho; lo puedes comprobar con abrir la puerta y salir afuera, mojarte con la cara al cielo y sonreir.
Así es la presencia de la persona que esperas. Está allí.
viernes 7 de agosto de 2009
Deprimido
"Pobre de mí. Estoy tan solo y soy tan desdichado. Nadie me quiere, nadie me comprende, el mundo es un lugar para el cual no he nacido."Que patético es calarse a un deprimido. Verle arrastrar y compartir obligado su desgracia, su reptar por la vida. Mientras más se enloda, parece sentirse más a gusto. Repite una y otra vez lo desgraciado que es, pretendiendo con eso obtener aprobación y redención (¿?).
¿Qué carajo? Me cansa calarme a alguien que no para de quejarse mientras se revuelca sobre la leche derramada. ¡Mala leche! Ponte de pie y construye tu camino, que el mañana es hoy y me importa un pepino si eres escoria, lo que interesa es que si quieres puedes, y si no quieres déjame vivir en paz y tranquilamente.
Todos alguna vez hemos pasado por eso. Pero hoy, que no estoy deprimido, no quiero saber nada del asunto. Soy feliz y quiero compartir mi felicidad. Quien no lo sea, pues que le ponga corazón a la vida o busque otro a quien joder la paciencia.
Que haga lo que le dé la gana... como yo.
martes 14 de julio de 2009
domingo 22 de febrero de 2009
Ultimas vacaciones
Siempre imaginé tener esta oportunidad y hoy que la tengo no sé que decir. Sólo quiero dejar por sentado que me siento muy extraño, como si estuviese cometiendo un hecho de corrupción, llevando a cabo un acto que no me corresponde. Y en el fondo hay razones de peso.Creo recordar que me monté en un autobús rumbo a mi pueblo de origen, con mi maleta repleta de encargos y ropa para pasar unos pocos días con la familia, esa que crece en mi ausencia y que me espera con anécdotas y obituarios de la gente que conocí. Me levanté muy temprano, aún a oscuras, y con un frío que me pegaba las sábanas.
Siempre me aseguro un asiento junto a la ventana. Es la única manera de ir cómodo y echar un sueñito reparador, ya que el panorama de la ventana en este viaje, que repito mes a mes, se me ha hecho de tanto familiar, aburrido. En lo posible que no quede ni muy adelante ni muy atrás. Algo caprichoso, ¿no?
Me quedé dormido antes de que el colector me cobrara el pasaje. Pagué exacto y proseguí con mi siesta que estaba de lo más amena. Soñaba que estaba en clases, debatiendo sobre no sé qué cosa, cuando sentí un estruendo ensordecedor y un golpe muy fuerte en toda mi cara.
El vehículo había chocado aparatosamente.
No sentía nada. Mis piernas no se movían, ni mis manos. En todo mi cuerpo tenía la sensación de hormigueo y escalofríos. Quedé con el cuerpo inclinado hacia delante, bañado en sangre la cara, abrazando mi morral con los regalos que le llevaba a mi hermano. Ojalá alguien se los haga llegar.
Es extraño, repito. No puedo moverme, pero estoy de pie en el pasillo del bus y puedo verme allí, tumbado hacia delante. A mi lado está una señora, con el cuello roto o algo así. Se escuchan gritos y alaridos que te dan una sensación mezcla de tristeza e impotencia, porque trato de ayudarlos y se me desvanecen entre las manos. O me desvanezco yo entre sus cuerpos.
No sé cuanto tiempo pasó hasta que llegaron los bomberos. Había mucha gente tratando de ayudar, pero sólo eran curiosos. Tuvieron que utilizar una herramienta para abrir la estructura metálica y comenzar a rescatar los cuerpos. Muchas camillas y ambulancias se movilizaban, ya los gritos no se escuchaban como antes.
Por fin llegaron a donde estaba yo. El paramédico le dijo a un bombero que yo no tenía signos vitales.
Yo creo que hace mucho antes de montarme al bus ya no los tenía.
Me colocaron de un lado, donde estábamos los que ya no nos iríamos en ambulancia. Repito: es extraño. Yo permanecía de pie mirando todo esto y me costaba creerlo. De habérmelo contado alguien mucho menos lo hubiese creído.
Me senté a la orilla de la autopista a ver pasar el tiempo. Supuestamente dicen que, cuando se acerca el momento, uno ve transcurrir toda su vida delante de sus ojos. Yo no tuve tal oportunidad, o al menos no suficiente tiempo. Pero ahora aquí sentado tengo chance de ponerme a rescatar entre los recuerdos aquellos momentos jocosos (y otros no tantos) de mi vida.
¿Recuerdas tu primer viaje a la playa? ¿Tu primer día en la escuela? ¿La primera película en el cine? ¿Aquel regalo de navidad que pediste y te llegó? ¿El primer diente que mudaste? ¿La última vez que te bañaste en la lluvia? ¿Cuando lograste tumbar una piñata? ¿Esa noche que en la oscuridad tuviste miedo? ¿La vez que intentaste fumar y te ahogaste? ¿El primer beso? ¿La última bendición del abuelo? ¿La gran caída aprendiendo a montar bicicleta? ¿Aquella mentirilla blanca? ¿La vez que creíste morir al no encontrar rápido un baño? ¿El día de tu graduación? ¿La primera vez que viste esos ojos inolvidables en los que estaba reflejada tu alma? ¿Cuándo tocaste el cielo con el corazón? ¿El nacimiento de tu bebita? ¿Tu primer empleo como profesional?... ¿Tu último sueño…?
Ahora estoy en casa. Tal vez nunca debí salir de allí, pero a veces la vida no te deja opción. Hoy, que la vida me ha abandonado, supongo que es propicio regresar, aunque al parecer ya no tiene sentido. Todos lloran y recuerdan anécdotas. Otros aún no se convencen, aunque mi cara les explique de mil maneras que imposible es seguir con vida después de ese accidente. Me hubiera gustado ahorrarles este momento, pero desde donde estoy nadie me ve, nadie me escucha.
Y me doy cuenta que ahora es el momento de las oportunidades, de hacer tanto que antes no podía. Ahora hay tiempo suficiente para descansar, de verdad verdad. Irme de viajes por todo el mundo, sin gastar un centavo. De gritar y gritar sin que nadie me lo impida. Entrar a cualquier habitación y hurgar entre las gavetas. No trabajar. Hacer y escuchar la música que me dé la gana. No escuchar de política ni economía. Al pepino el calentamiento global. No preocuparme por lo que voy a cocinar mañana.
Y caigo en cuenta de que no tengo hambre, a pesar de tener dos días sin comer. No siento frío ni calor. No puedo darle un abrazo a mi hija. No puedo sentir un beso de mi madre. Que no puedo bromear con mi hermano. Que no duermo ni descanso. Que no sueño…
Al menos quisiera cumplir una última voluntad, ya que no me dio tiempo de eso. Escribir unas cortas líneas a través de un alma generosa que se preste para ello, para hacerlas llegar a alguien que tal vez les saque algún provecho. No sé si fue culpa del chofer del bus, o el de la camioneta que venía en la vía contraria; pero si les aseguro que mi culpa no fue. Yo sólo soñaba con estar con mi familia en estas cortas vacaciones, y eso no se me cumplió. Espero que la gente tome conciencia y sea prudente; al tomar, al manejar, al subirse a una unidad colectiva en mal estado, al desaprovechar la vida, al renunciar a la plenitud que todos merecemos a cambio de un plato de lentejas.
Al no tomar entre sus manos al más preciado sueño y luchar por él.
miércoles 28 de enero de 2009
Unas letras, para ti.

Es extraño. Algo que está a punto de finalizar, lo cual se ha deseado mucho, cuando llega el momento culminante resulta que se comienza a extrañar. Ya se percibe un vacío que nada podrá ocupar. Comienza esa extraña sensación de ausencia, que se puede comparar a cuando se pierde un brazo o una mano pero tu cerebro aún envía señales como si estuviese allí. Empieza a faltarte algo que tienes por poco tiempo.
Se aproxima una fecha que marca el fin de algo y el inicio de otra cosa que no sabes qué es.
Incertidumbre. Inseguridad. Esperanza. Ilusión. Planes. Metas. Comenzar otra vez. Terminar, otra vez. No lo sé.
Ya no estaré aquí. Ya no caminaré por acá. Yo no perteneceré a este lugar. Será un extraño más. Un ausente invitado, un desconocido, un olvidado.
Falta poco. Gracias a la vida por eso, ya habrá oportunidad de recordar.
Prefiero vivir cada minuto a medida que va pasando, sin planificar el siguiente. Tengo suficiente rollo con el presente y demasiado lastre con el pasado, como para empeñarme en un futuro que aún no llega a mis manos. Por eso, cada minuto trato de vivirlo al máximo.
Mañana será otro día. Me voy a dormir.
jueves 22 de enero de 2009
Tal vez sí.
Hace poco cumplí los 20. Estoy estudiando, tengo un trabajo chévere, una novia que me quiere y algo más. Sobre ese "algo" les quiero hablar.La conocí hace años, cuando yo tenía como 13, en casa de mi tía. Ellas eran compañeras de trabajo o algo así. Yo iba para allá con frecuencia a jugar con mi primo Eduardo y la veia a ella. Ni pendiente.
En estos días me la conseguí en el metro y me saludó:
-¿Tú eres el sobrino de Alicia?
Yo puse cara de "¿quién eres tú?
-Yo soy Clara, una amiga de tu tía. Yo te conocí a ti, estabas chamito, te la pasabas jugando fútbol con Eduardo.
Puse cara de "Tú me conoces, pero yo no me acuerdo de ti"... y al mismo tiempo caía en cuenta que tenía delante de mí a una señora muy simpática, de unos 40 años, pero que Dios se los ha conservado muy bien, y espero se los siga conservando así.
-Ah, ¿cómo está usted? ¿Desde cuando no ve a mi tía Alicia?
-Ufff!!!, hace mucho. ¿Todavía vive en Caricuao?...
Y así la ronda de preguntas, que qué hago, si estudio y trabajo, los comentarios que si crecí mucho y estoy cambiado, etc. Le dije que me quedaba en Chacao y me dijo que ella también.
Yo tenía que comprar algo en el Sambil y me acompañó. Hablamos de mi tía Alicia, de mis estudios de Administración y de su reciente divorcio. Típico caso del tipo infiel que se empata con una carajita y deja a la doña que todavía le queda mucha vida en los años. Y que desea seguir viviéndolos intensamente.
Nos intercambiamos celulares, y esa noche el típico “que pases buenas noches, me alegra haberte visto hoy”; yo como si nada me dormí pendiente de levantarme temprano para ir al trabajo.
Al día siguiente los mensajes van y vienen. Me cuenta de su vida, lo que hace, su trabajo, su soledad. Ya ni nombramos a mi tía Alicia.
Clara una mujer inteligente, preparada, bella, con un buen trabajo. Recién saliendo de una relación. Puntas van y vienen. Ya no la trato de “usted”.
-Quisiera volver a verte, ayer fue grato conversar contigo.
Me quedé mirando al techo de mi cuatro mientras esperaba su mensaje de respuesta.
-¿Te darán permiso para venir a mi casa?
-Sí, claro.
No voy a entrar en detalles, si eso esperaban. Lo cierto es que a la mañana siguiente le dije que no dejaría a mi novia por ella. Me dijo que estaba bien, que esa condición la aceptaba.
Y así ha pasado un año. No me ha ido mal con ella, todo lo contrario. Al punto que estoy pensando seriamente en reconsiderar la condición que le puse, y eso es lo que me ha animado a hablar del asunto.
Ella y yo nunca discutimos. No es exigente, “está bien” es casi siempre su respuesta. No se avergüenza de mí. No me pide nada material. Nunca se queja del tiempo que le dedico. Nunca me pone condiciones. No me pide un hijo. No quiere volverse a casar nunca más. No me compromete. No se niega a nada en la cama…
Se entrega como ninguna. Me entrega todo. Me enseña, se esmera. Una y otra vez, detalle a detalle, como si jamás yo aprendiera. Sus besos me queman. En su mar, las olas me envuelven; me suben y me bajan, me marean, me ahogan y me devuelven la vida. Con una mano toco el infierno, y con la otra el cielo.
Me hace regalos, me da dinero. Me ayuda si le pido. Lo suyo es mío. Me da estabilidad y comodidad.
Yo creo que habemos hombres locos, pero el más loco de todos es el carajo que la dejó.
Sólo hay un detalle. Mi novia. “Yo la amo”, dije la primera mañana. Hoy no sé que pensar.
También es buena, muy bella, y muchas otras cualidades más. Pero hace un año no sabía que era muy “joven” y que eso se convertiría en un defecto.
No es fácil esta doble vida. Andar escondido con Clara. Hacer el amor con mi novia y pensar, desear, estar con Clara. Esperar nuestro encuentro de los sábados como un niño espera poder abrir su regalo de cumpleaños. No poder contarle a mi familia que salgo con una mujer maravillosa, y que no es la adorable de mi novia precisamente. Ellos la aman, pero ahora no sé qué decir yo.
Clara me es fiel y cree en mí. Pero si dejo todo por ella, ¿lo seguirá haciendo?
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